Doña Carmela Pulgar-Vidal junto a su hija, Carmela Blondet, en la celebración del centenario de su nacimiento.

Carmela Pulgar-Vidal de Blondet, jefa fundadora del Departamento de Servicio Social de la UNMSM y hermana del amauta sanmarquino y sabio geógrafo Javier Pulgar-Vidal, cumplió 100 años de edad, de los cuales 25 los dedicó al servicio de la Decana de América y de sus estudiantes.

Como responsable de dicho departamento, entre otras iniciativas, Pulgar-Vidal de Blondet, fundó el Club de Artes para que los alumnos desarrollen su talento para la pintura, la música u otras expresiones artísticas.

Carmela Blondet Pulgar-Vidal, segunda de seis hijos de la homenajeada y artista de moda antigua, quien reside en Canadá y tiene entre sus clientes a afamados personajes como Paul McCartney, Kate Moss, Catherine Denueve, la banda de rock Pearl Jam, entre otras celebridades, cuenta que el trato sereno y amoroso hacia los estudiantes, a quienes atendía como a sus hijos, fue uno de los aspectos que más la impresionó de su madre.

“Siempre llegaba a casa muy feliz comentando como había ayudado a los estudiantes. Se interesaba más de lo que le pedía su labor profesional. Por ella, en algún momento de mi vida quise ser asistenta social”, confiesa la artista.

Doña Carmela festejó su onomástico rodeada de sus seres queridos y familiares más cercanos.

“El mejor ejemplo que me ha dejado mi madre es el trabajo y el mirar con igualdad a hombres y mujeres. Además, siempre nos inculcó estudiar. Defenderse en la vida por medio de los estudios. Imitar lo bueno preservando tu individualidad”, añade.

Pero si ha de resumirse en un par de palabras las cualidades de doña Carmela, nacida un 20 de setiembre de 1918, sería la de una mujer intensamente humana, según el testimonio de su hija.

“Ella fue una excelente esposa e hija y es una excelente madre. Mi mamá es mi luz que siempre me apoyó desde niña. Recuerdo que nunca se molestaba y constantemente nos enseñaba el amor a la familia, y pese a sus ocupaciones, nunca sentí que me hiciera falta. Yo diría que es alguien intensamente humana”, subraya con orgullo su emocionada hija.

Asistenta social ejemplar

Inicios de la década del 60 y Lima empieza a experimentar un crecimiento demográfico explosivo, producto de las grandes olas migratorias del campo a la ciudad, que cambiarían la faz sociocultural de la capital.

La Decana de América no podía estar exenta de ese proceso pues cada vez más jóvenes del interior del país o hijos de migrantes, de escasos recursos económicos, llegaban a estudiar a San Marcos, que por aquel entonces tenía a la Casona como su sede de estudios.

Carmela Blondet, recuerda que, en esa época, en el país no había alumbrado eléctrico, y al concluír las clases y llegar la noche, muchos estudiantes sanmarquinos, sin dinero para adquirir una lámpara o comprar velas que iluminen sus casas, enrumbaban hacia los puentes de la ciudad para estudiar y hacer sus tareas bajo la luz de sus faroles.

Carmela Pulgar-Vidal de Blondet, cuando era jefa del  Departamento de Servicio Social de la UNMSM.

En ese contexto, doña Carmela desempeñó su labor profesional de asistenta social, en esta cuatricentenaria universidad. Su sobrina, Carmen Pulgar-Vidal, sanmarquina e hija del amauta Javier Pulgar-Vidal, recuerda muy bien esa etapa.

“Durante sus casi 25 años de servicio, como asistenta social, en la Decana de América, mi tía brindó apoyo moral y material a los sanmarquinos de escasos recursos económicos y a los que tenían dificultades de inserción para estudiar en la universidad”, rememora su sobrina.

“Yo ingresé a San Marcos a estudiar Química en 1964. Recuerdo que había discriminación a los estudiantes por su origen provinciano, por tener un acento distinto al limeño o por ser hijo natural. Era una época en la que se producía el gran fenómeno de la migración. En ese marco, mi tía ayudaba a los alumnos que llegaban a la capital y tenían problemas de inserción a la universidad”, agrega con satisfacción doña Carmen.

Y como bien se dice que lo que se hereda no se hurta, su hija Carmela comparte con nosotros la enseñanza más valiosa que le ha dejado su madre: “La belleza de la vida no está en lo que tienes, sino en lo que aprendes”, a lo que la artista complementa: “De nada sirve lo que aprendes, si no lo compartes con los demás”.